Primera ayuda psicológica en los centros educativos

Las personas que podrían desarrollar alteraciones psicológicas serán las que no cuenten con una cultura o un adecuado uso racional de los primeros auxilios psicológicos.

Las instituciones educativas tienen la función de preparar a sus alumnos con habilidades y conocimientos para que desde su profesión o formación cívica, ética o moral, puedan afrontar situaciones de crisis y desastres.

Así lo señaló el doctor Alexis Lorenzo Ruiz, docente de la Universidad de la Habana, Cuba, durante el panel «Primera Ayuda Psicológica en los Centros Educativos en Situaciones de Crisis y Emergencias”, organizado por la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro).

El especialista detalló que anteriormente se pensaba que la primera ayuda psicológica era responsabilidad del psiquiatra o del psicólogo; después se pensó que era de los socorristas, ya que generalmente son los primeros en acercarse a un individuo en situación de desastre o crisis.

Sin embargo, ante este confinamiento y distanciamiento físico por la pandemia de COVID, las personas que podrían desarrollar alteraciones psicológicas serán las que no cuenten con una cultura o un adecuado uso racional de los primeros auxilios psicológicos.

Ante esta panorama, los individuos con conocimientos y herramientas en este campo, tendrán la capacidad de mirar a su alrededor, observar su núcleo más cercano y su relación con los demás. Esto les permitirá resolver mejor los conflictos, tener un mayor autocuidado y retomar el control.

Sentimientos experimentados durante una crisis

Todos en algún momento de nuestra vida hemos experimentado ansiedad, aburrimiento, tristeza, soledad e incertidumbre, señaló el doctor Arturo Marinero Heredia, docente de la Universidad Veracruzana y fundador de la Red Latinoamericana de Psicología en Emergencias y Desastres.

En muchos casos «el confinamiento por la pandemia de COVID ha conducido a un desmedido abuso del tiempo de actividades de óseo que llegan a provocar sentimientos de inutilidad».

Resaltó que ante este panorama, debemos tener la capacidad de percibir la realidad y no distorsionarla, debido a la cantidad de noticias e información que recibimos. Debemos de ser capaces de tener una visión crítica de las situaciones, tener la capacidad de mantener las relaciones en armonía.

En las instituciones educativas, tanto estudiantes como profesores debemos estar atentos al regresar a nuestras actividades escolares, no debemos pensar como si nada hubiera pasado. Más bien es replantear la situación.

Ya en aulas, «se podrían coordinar grupos de derivación en donde expresemos que nos gustó o disgustó del confinamiento; qué riesgos en salud física y mental manifestamos durante este periodo; qué necesitamos para mejorar y hacer propuestas de autocuidado y cuidado mutuo entre nuestros allegados, finalizó el experto.

Importancia de las herramientas psicopedagógicas

Por su parte, el maestro Jorge Álvarez Martínez, fundador del Programa de Intervención en Crisis a Víctimas de Desastres Naturales, señaló que para atender el impacto social, económico y académico en una comunidad escolar ante una situación de emergencia, existen una serie de herramientas psicopedagógicas.

En México, desde hace dos décadas, se instaló un programa de tutorías académicas en instituciones educativas de nivel superior para apoyar a la comunidad estudiantil con la primera ayuda psicológica.

Estas herramientas han ayudado a detectar la deserción académica, el bajo rendimiento académico y hasta las situaciones de género como los embarazos no planeados en las mujeres, agregó el también académico de la Facultad de Psicología de la UNAM.

«La queja más recurrente en las familias es la adaptabilidad de cada integrante al confinamiento; y es que en estos últimos meses los patrones de convivencia familiar han cambiado. Lo importante será encontrar un punto medio de convivencia en estos tiempos, concluyó. 

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