Intervención en crisis durante la pandemia de COVID-19

La prevalencia de la población afectada ante una situación de crisis se presenta hasta en un 14% de la población.

Durante esta pandemia, hemos estado viviendo la ruptura de las rutinas cotidianas, “embotamiento” emocional; es decir, ausencia de reacciones afectivas significativas, así como falta de concentración en la vida laboral y académica. 

A ello se le suma “ansiedad, desgaste mental provocado por el trabajo a distancia, así como síntomas asociados a trastornos por estrés postraumático, del sueño; y miedo por un futuro incierto”.

Así lo señaló el doctor Jorge Álvarez Martínez, profesor en la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México e investigador de la Universidad de Brasilia. 

Durante el marco del foro YMCA de la Universidad de la Salud del Estado de México, el también catedrático de la Universidad La Salle, explicó que los desastres se pueden dividir en dos tipos. 

El primero, los fenómenos hidrometeorológicos, que se generan por acciones atmosféricas extremas como la lluvia, vientos, temperatura y humedad. El segundo es de carácter sanitario; es decir, los eventos extraordinarios que tienen como resultado enfermedades, lesiones físicas, sufrimiento humano y hasta la muerte, como es el caso del SAR-COv2, abundó.

Con base en el DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría), las secuelas que pueden presentarse debido al estrés postraumático (generado por la pandemia, por ejemplo) son recuerdos angustiosos, sobre todo por el fallecimiento de personas cercanas. 

Este tipo de experiencias se acompañan de la no elaboración adecuada del duelo debido a las circunstancias de la pandemia; además de pesadillas sobre el acontecimiento traumático; reacciones disociativas (las personas sienten o actúan como si se repitiera el evento traumático). 

Asimismo, de las reacciones fisiológicas extremas ante situaciones que se parezcan al trauma; es decir, estrés y su correlación con una parte corporal.

Estrés postraumático

El trastorno por estrés postraumático se caracteriza por la reexperimentación de los acontecimientos vividos durante un desastre. Un síntoma es la evitación de estímulos relacionados con el evento estresor y se pueden desencadenar enfermedades como la diabetes, hipertensión arterial, gastritis, ataques de pánico, trastornos de ansiedad y fobias.  

Dentro del estrés postraumático, en la fase “aguda” los síntomas duran menos de tres meses; en la “crónica” más allá de los tres meses; en tanto, los de “inicio demorado” los síntomas transcurren como mínimo seis meses. 

De acuerdo con el académico, para afrontar esta situación, contamos con una importante herramienta denominada intervención en crisis

Intervención en crisis 

Karl. A. Slaikeu la define como “un proceso de ayuda dirigido a auxiliar a una persona o familia a soportar un proceso traumático; de tal modo que se aminoren los efectos (estigmas emocionales y daño físico); y se incremente la probabilidad de crecimiento (nuevas habilidades y perspectivas en la vida)”.

Dentro de la intervención en crisis se encuentran los primeros auxilios psicológicos; estos se dan de dos maneras: la primera, de forma presencial, en la cual el personal de ayuda puede o no decir palabras de apoyo. O bien solo puede escuchar. En Brasil, Chile y Argentina llaman a esta forma de auxilio “poner el cuerpo”. 

La otra modalidad es aquella intervención que actualmente se brinda debido a las nuevas circunstancias de la pandemia; es decir, la utilización de medios digitales o remotos para brindar el apoyo, destacó doctor Jorge Álvarez Martínez.

Los primeros auxilios psicológicos son la asistencia a nivel emocional que otorga el personal de ayuda humanitaria de primer contacto con víctimas o bien por interventores en crisis durante las primeras horas subsecuentes a un desastre. 

Estos primeros auxilios tienen dos funciones básicas: contener y derivar. Las personas capacitadas para brindar esta ayuda pueden ser: rescatistas, bomberos, paramédicos, enfermeros, médicos, antropólogos sociales, profesores, personal de seguridad y/o de protección civil, religiosos, entre otros, previo entrenamiento y certificados por instituciones académicas.

El especialista explicó que para enfrentar una situación de crisis de desastre se deben tomar en cuenta algunas fases: 

Amenaza.- Las experiencias previas de desastres generan en algunas personas temor y un aumento en la tensión. Mientras que algunas personas responden de manera adecuada ante alguna amenaza; otros niegan la posibilidad de algún riesgo y no realizan planes de protección. 

Crisis.- Los individuos pueden presentar autocentrismo; es decir, cada uno se siente la persona más afectada. Es común que se ofusquen y presenten diferentes grados de desorientación, desorganización, lentitud del pensamiento, confusión, dificultad para tomar decisiones, y desorientación en tiempo. 

Esta fase se divide en dos aspectos. Uno es el de choque en el cual, ante una situación de desastre, las personas se comportan de manera dócil, indefensa, dependiente e indecisa; y muestran desinterés e indiferencia; el otro aspecto se presenta cuando se quejan porque creen tener derecho a que se satisfagan todas sus pretensiones o culpan a las autoridades por el desastre. 

Adaptación.- Se presentan manifestaciones de reacciones psicosomáticas que interfieren con las respuestas biológicas normales ante un desastre y ocasionan padecimientos agudos o crónicos.   

¿Cómo intervenir de manera efectiva?

El objetivo de nuestra propuesta de intervención en situaciones de crisis es suministrar y capacitar de manera simultánea al personal de ayuda humanitaria. 

Para ello, ante un determinado desastre, primeramente hacemos un diagnóstico de la situación, posteriormente escuchamos las experiencias de las personas para trabajar a partir de sus realidades, les informamos que la situación de estrés que están sintiendo y viviendo es producto del impacto del desastre y que es normal que se sientan así. 

Los apoyamos en identificar los recursos existentes ya sean individuales, familiares y comunitarios; posteriormente les enseñamos técnicas de relajación que les permita sentirse mejor y finalmente los apoyamos a aquellos que requieran de una atención más especializada, finalizó el doctor Jorge Álvarez Martínez.

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